Mi brazo izquierdo

Hace unos años, cuando tenía 6 años me pasó una cosa que nunca olvidaré. Iba yo andando en bicicleta, mientras miraba hacia atrás, para comprobar si aún me seguían los perros de mi abuelo y de mi abuela.
Entonces me distraje y, cuando volví a mirar para adelante, ya estaba enganchado en un alambres de espinos. Tenía los dos brazos enganchados y no podía soltarlos. Cuando mi madre me vio, se pusó a chillar y al momento bajó a donde yo estaba. Mi madre tiró de mis brazos y me los soltó. Tenía los brazos llenos de sangre y mi madre se puso a llorar, cuando vio que tenía una “averia” en las manos. Subimos a todo correr a casa, me puso debajo del agua y me limpio todo.
Los años fueron pasandoy en un beazo me han quedado cicatrices, pero en el otro no. Siempre que me veo las heridas que tengo, me acuerdo de cómo me lo he hecho o con qué me ha pasado. Mi madre también, siempre que me ve las heridas, “se le va el santo al cielo”.


Meneame
del.icio.us